La historia del hombre que vivió durante 35 años con un diagnóstico equivocado de cáncer terminal

Jeff Henigson era considerado un “milagro”, pues durante 35 años, su diagnóstico de cáncer terminal, no lograba “vencerlo”.

Pero luego de una nota sobre su increíble milagro médico, un médico experto en el tipo de cáncer con el que fue diagnosticado, lo contactó, y cambió su vida por completo.

Jeff tenía 15 años cuando fue atropellado por una camioneta, mientras montaba su bicicleta:

Era 1986, Jeff salió en su bici para comprar la última pieza de un “súper láser” que había estado creando, cuando una camioneta se estrelló contra él. “Fui lanzado, como un cohete, 3 metros hacia atrás. Aterricé en la parte posterior de mi cabeza” relató.

A pesar de no tener casco, y quedar inconsciente, despertó unas horas más tarde en el hospital, y debido a que parecía estar bien, fue dado de alta.

Pocas semanas después, Jeff comenzó a tener convulsiones y regresó al hospital, allí le hicieron una tomografía computarizada a su cerebro, revelando un tumor.


Jeff bromeó diciendo que dos cosas pasaron por su mente, la primera era un plan para perder su virginidad, y lo segundo terminar su láser:

El joven soñaba con trabajar para la NASA, y creía que la mejor manera de impresionarlos era construir el “láser más sorprendente”, capaz de hacer rebotar un rayo en un reflector que el Apolo 11 dejó en la luna.

Lamentablemente, no podría hacer ninguna de las dos, pues fue ingresado de emergencia para realizar la cirugía, y extraer el tumor de su cerebro, para que este sea analizado.


Luego de operarlo, los médicos finalmente le dieron un diagnóstico, las células tumorales eran cancerosas, y la tasa de supervivencia era muy baja:

Jeff fue diagnosticado con un astrocitoma anaplásico, un tipo de cáncer cerebral con poca esperanza de supervivencia.

A Jeff le dieron una esperanza de vida de 2 años, teniendo que someterse a todo tipo de radiación y quimioterapias para intentar alargar su vida.


Debido al diagnóstico, Jeff fue sometido a radiación cerebral intensiva y quimioterapia por 6 meses, ocasionando un daño permanente:

“Mi protocolo de tratamiento: radiación cerebral intensiva durante seis semanas, seguida de seis sesiones de medicamentos de quimioterapia que se administrarían durante el próximo año”

“Mi sistema inmunológico respondió mal a la quimioterapia, por lo que la terapia se prolongó durante seis meses más”.


Jeff llegó a los 50 años, y la BBC presentó su historia, pues era considerado “un milagro”, hasta que un médico experto en el tema lo contactó:

La BBC presentó una nota sobre su historia en 2020, y Jeff rápidamente recibió todo tipo de mensajes de felicitación, muchos alabando a Dios por su supervivencia, mencionó.

Todos, excepto uno, proveniente del neuropatólogo, Karl Schwarz, experto en este tipo de cáncer terminal.


“En mis 38 años de experiencia, solo 3 pacientes lograron sobrevivir más allá de la esperanza de vida. 2 de ellos tenían el diagnóstico erróneo”:

El médico dejó sorprendido a Jeff, quien durante toda su vida había sufrido el miedo de que su cáncer terminal le arrebate la vida en el momento menos pensado.

Luego de hablar por teléfono por 2 horas, el médico le dijo que se sentía en la obligación de hacerle saber, que era muy probable que su diagnóstico haya estado errado, e incluso le preguntó si nunca se había cuestionado, como era posible que haya sobrevivido tanto, si tenía un diagnóstico que le daba un máximo de 3 años de vida.


Jeff descubrió que el primer informe médico sobre su diagnóstico era muy distinto al último, que indicaba cáncer terminal:

La madre de Jeff le proporcionó todos los documentos médicos de su adolescencia, y este comenzó a revisarlos, para compartirlo con el Dr. Karl.

Allí descubrió que el informe médico inicial lo diagnosticaba con “astrocitoma pilocítico”, es decir, un cáncer benigno. Un segundo informe del día siguiente, tenía un cambio menor, pero era esencialmente el mismo diagnóstico.

Un tercer informe, fechado una semana después, y firmado por un médico neuropatólogo externo de una institución respetada, tenía un diagnóstico diferente, “Astrocitoma altamente anaplásico, de alto grado”, un cáncer raro y agresivo.


El Dr. Karl confirmó su teoría, Jeff había sido diagnosticado erróneamente, y a causa de ello, ahora sufre epilepsia y otros daños físicos:

“La radiación cerebral dañó mi visión, mi audición y mis hormonas, y su efecto a largo plazo en el tejido cicatricial de mi cerebro es posiblemente la razón por la que soy epiléptico. La quimioterapia dañó mi función pulmonar” comentó.

No puede emprender acciones legales contra el hospital o los médicos, pues la fecha límite para presentar una demanda por negligencia médica en California es de 30 años, y Jeff llevaba 35 años creyendo que había sobrevivido a este cáncer terminal.


Incluso una organización benéfica le otorgó “su último deseo”, Jeff quería “salvar el mundo”:

La organización le mostró ejemplos de jóvenes que querían ir a Disneyland o conocer a su atleta favorito. Jeff pensó que esos eran deseos de niños, y preguntó un tanto desanimado, si podrían subirlo a un transbordador espacial en una próxima misión. Por supuesto, la respuesta fue no.

“Me gustaría viajar a la Unión Soviética y reunirme con Mikhail Gorbachev, para que podamos discutir un plan para poner fin a las armas nucleares y la Guerra Fría” pidió Jeff, añadiendo que era entendible si no se lograba.

Sorprendentemente, Jeff fue llevado a Moscú, pero mientras esperaba su cita con Gorbachev, esta fue cancelada. En su lugar, lo llevaron para reunirse con Evgeny Velikhov, uno de los mejores físicos nucleares del país, y la mano derecha de Gorbachev. Al regresar a EEUU recibió muchas cartas de fanáticos soviéticos que lo animaban con continuar su lucha.


“Durante 35 años tuve miedo de que mi tumor regresara, que el cáncer me [email protected]ía”:

El daño que sufrió el hombre, no solo fue físico, también psicológico. Jeff dice que su diagnóstico causó estragos en cada miembro de su familia, y que también se sentía mal por tenerlos afligidos todo el tiempo.

“La certeza de mi mu3rt3 prematura, me llenó de miedo, cada vez que tenía dolor de cabeza, cada vez que me metían en un tubo para otra resonancia magnética preventiva, esperando escuchar que estaba “limpio” por un año o dos más”.