9 Reyes que sufrieron MUTACIONES por mezclarse entre familiares

La realeza sufrió diversos problemas genéticos debido a la endogamia.

Esto se debió a que las familias reales estaban obligadas a reproducirse con los miembros de su propia familia para mantener la pureza de la sangre.

1. El rey Carlos II de Hadsburgo tenía una mandíbula tan prominente que no podía masticar sus alimentos y se babeaba:

Este fue el último rey de Habsburgo, y fue conocido como Carlos II el hechizado, pues sufría debilidad muscular, y retraso tanto al caminar como en el habla, raquitismo, e hidrocefalia.

Debido a que este monarca arrastraba varias generaciones de matrimonios emparentados, su adn mostraba las semejanzas al incesto, y esto le generó una incapacidad para procrear un heredero, pues era infértil, y esto acabó con su monarquía.

2. Tutankamón fue fruto del inc3st0, tenía problemas hormonales y un pie deforme:

Tutankamón falleció a la temprana edad de 19 años, y aunque muchos creían que había sido as3s!nado, nuevas investigaciones declararon que se debió a su mala salud congénita.

Tutankamón tenía caderas y pecho femeninos, un pie deformado, que se sospecha le ocasionó muchas molestias y dolor durante su corta vida, y un cráneo achatado.

3. La Reina Victoria I sufría de hemofilia, y heredó esta enfermedad hasta a sus bisnietos:

La hemofilia es un trastorno hemorrágico hereditario, en la cual la sangre no coagula correctamente y puede causar hemorragias espontáneas internas o externas.

Los padres de la Reina Victoria no sufrían esta enfermedad, por lo que se sospecha que su madre tuvo un desliz con alguien que, sí la tenía, y por ello heredó la hemofilia.

3 de sus hijos, la heredaron, así como sus nietos y bisnietos, quienes fueron “debilitando” la sangre azul de la aristocracia europea.

4. Carlos I se sentía tan avergonzado de tener la "mandíbula de Hadsburgo" que se encerraba a comer en la soledad.

“La mandíbula de Hadsburgo” fue provocada por la endogamia de esta familia real, Carlos I también sufrió de epilepsia y gota.

Esta distintiva mandíbula, se debe a la conjunción de dos elementos, el prognatismo (barbilla prominente) y la deficiencia maxilar.

5. Jacobo IV, el rey loco sufría de porfiria, y problemas mentales:

Jacobo IV heredó esta enfermedad de su padre, y también se la heredó a su hijo Jorge III.

La porfiria es una enfermedad metabólica, que ocasiona una alta sensibilidad a la luz del sol e incluso a la artificial, y que causa dolor e hinchazón repentina en la piel.

También genera ampollas en las manos, brazos y rostro. Piel delgada y frágil con cambios en la pigmentación de la misma. Jacobo IV también tenía un problema en los ojos.

6. Enrique VIII era genéticamente incapaz de procrear hijos varones:

El síndrome de McLeod es una mutación genética que no le permitió a Enrique VIII traer al mundo a su ansiado heredero, además de causarle problemas cardiológicos.

Todos los hijos varones que logró traer al mundo, fallecieron a las pocas horas o días de nacidos.

El rey perdió la razón, y comenzó a mandar a [email protected][email protected] a sus esposas, pues las culpaba de no darle un heredero.

7. Ricardo III padeció una dolorosa escoliosis y baja estatura, que también le provocaron problemas de respiración:

Su escoliosis generaba una desviación lateral de su columna vertebral entre 65 u 85 grados.

Después de que encontraran sus restos, se cree que Shakespeare exageró la deformidad e y fealdad del entonces Rey, cuando escribió su obra de teatro, en “honor” a Ricardo III.

8. María I de Escocia, sufría de un tumor hipofisario que le causó mala visión:

María I sufrió de diversos malestares desde el día en que nació, que iban desde dolores de cabeza, mala visión, embarazos fantasmas, sangrado uterino irregular, y problemas de tiroides.

El retrato de María pintado en 1554, muestra sus mejillas sonrojadas, rostro regordete, pérdida de cejas y de cabello, indicativo de una secreción deficiente en la glándula tiroides.

9. La infanta Margarita de Austria sufría una alteración ósea que le dejó ojos prominentes:

La Infanta sufría el síndrome de McCune-Albright, una enfermedad genética que afecta a los huesos y a la piel.

Este síndrome causó en la Infanta una frente abultada y ojos prominentes, además por su postura se cree que tenía una ligera escoliosis.